“Justificación de la moscas” de Javier Calvo Labat

 

                            “A mi abuela”

 

Había que matarlas. Nos decían las abuelas.
Mis primos y yo jugábamos
a perseguirlas por la casa en las tardes de verano.
Recuerdo ese tiempo porque teníamos
a favor la infancia y el universo.
Si nos sentábamos
en el patio alcanzaban nuestros fémures.
Venían volando hasta nuestras cabezas,
libaban nuestros rostros,
recorrían muy lentamente la pequeñez de nuestros
brazos. Algunas veces tratábamos
de espantarlas y volvían
a posarse en nuestras manos,
nuestros dedos. Había
algo parecido al amor en su regreso.
Nuestros cuerpos tenían entonces
la exacta gravedad de los planetas.