“Underground” de Martín Jali

Mi abuelo escondió la hormona
de su pasado en un frasco misterioso
envuelto en el guadal
dos metros
bajo tierra. Se cree que viajó
en silencio durante varias horas
a una velocidad menor
que la del pensamiento; lo único
cierto es que en algún punto
impreciso del campo
cavó un foso.

En algunas películas
los presos excavan túneles
hacia el exterior
no hacia dentro
como hizo mi abuelo: son dos polos
de la misma cosa: salir
entrar. Cavan
con pequeñas cucharas de metal
oxidadas y oscuras
la diagramación material
de una esperanza. No cualquiera
puede controlar
un manojo de esperanzas: esto
no hay que olvidarlo jamás.
Esos hombres
sueñan que cavan:
se despiertan agotados
de cavar túneles. Lo curioso
realmente
no es como se las arreglaban
para ocultar el polvo
y la tierra, sino
que clase de precisión infernal
los guiaba en las tinieblas
cómo no llegar a cualquier
otra parte de lo que
el deseo construye.

Entonces:

en una madrugada del `53 mi abuelo
cava un foso; otros hombres
se despiertan agotados
de soñar túneles. Hay maquinarias
que trabajan en la noche
con la hidráulica de lo desconocido.