“Teoría general de la teoría” de Felipe Benítez Reyes

Nos citamos con alguien en una cafetería. Cuando llega ese alguien, no le preguntamos si ha acudido a la cita en coche propio, en taxi, en autobús o paseando. De todas formas, ese alguien puede decirnos: «Me he retrasado un poco porque”… Aun así, no le preguntamos cuánta gasolina ha gastado si resulta que ha venido en coche propio. No le preguntamos qué línea de autobús ha cogido si resulta que ha venido en autobús, ni cuánto le ha costado el billete, ni qué aspecto tenía el conductor. Si ha venido en taxi, no nos interesamos por el importe de la carrera, ni por qué cadena de radio tenía sintonizada el taxista. Si ha venido paseando, no le pedimos que nos indique cuántas calorías ha quemado en el trayecto ni qué microporcentaje de suelas calcula que ha gastado en el paseo. Lo único que nos importa es que haya acudido a la cita. El medio para llegar, la inversión de tiempo y de dinero para llegar y la pérdida de calorías sufrida para llegar es asunto suyo. Lo que nos interesa es la cita. Y lo demás son cuentos.