“Tal vez el teniente no tenga razón” por Pierre Castro

“Crudo, tierno y con un final que.. tú eliges”

– ¿Vamos a morir todos? – preguntó el soldado ya sin tratar de parecer valiente y la voz se le resquebrajó como destrozada por una granada.
– Vamos a morir todos. – sentenció el teniente – los aviones bombardearán toda esta zona en un par de minutos, de nada vale correr.
El soldado miró hacia el cielo y le pareció distinguir unos puntitos negros que iban acercándose desde lejos. Dejó su fusil a un lado, su mochila, su casco y comenzó a correr en dirección opuesta a aquellos puntos en el cielo. Sin preguntar nada. Sin pedir permiso por primera vez. Sin mirar hacia atrás. Esquivando árboles. Acrescentando la velocidad a cada paso, gritando por dentro y pensando en que talvez el teniente no tiene razón. No puede tener razón. A esta hora su perro está mirando por la ventana, esperándolo. No va a comprender nada y va a continuar en su espera infinita hasta que el corazón se le reseque. Entonces se convertirá en un perro malo y comenzará a morder a los niños. Acelera más sus saltos. Tiene miedo y los árboles le golpean los brazos a tropezones pero en ese momento solo piensa en Mateo cachorro, Mateo de dos meses, Mateo comiendo arroz, Mateo persiguiendo libélulas, Mateo dormido y luego, Mateo triste. Mateo malo. Mateo mordiendo gente. El teniente debe estar equivocado se dice y sin embargo la tierra ha temblado porque una primera bomba ha caído y entonces también ha sentido miedo por él. Miedo del fuego. El soldado corre más rápido y las piernas se les descompasan como un reloj que atrasa. Tropieza y ahora el motor de los aviones se escucha claramente. Él sigue creyendo que el teniente, además de muerto ya, está equivocado. En algún momento el sonido de las bombas se hará lejano y llegará a la colina que dejaron atrás el día anterior. – Hay un perro esperando y no va a haber forma de pedirle que se baje de esa ventana – teniente. Tengo que correr – se dice y ahora las bombas caen delante de él. Delante y atrás y a los lados también y millones de perros están mordiendo personas en la cabeza del soldado que está llorando. Llorando por los ojos y por el cuerpo rasgado por las ramas. Llorando entre una lluvia de fuego y metal. Llorando intocable en su escape glorioso hacia la esperanza.